Por: Mary Luz Gómez A. – © 2011  www.modales.co

La urbanidad exige que tomemos interés en la conversación de los demás aun cuando no nos sintamos movido por ello, solo por simple cultura, debemos hacerlo.

Lo ideal es prestar una completa atención a la persona que toma la palabra en una conversación, dirigiendo nuestra mirada a la suya.

 

Es ofensivo entretenernos con otra cosa mientras el otro habla, puede entenderse como que no nos importa lo que dice.

Se debe siempre tratar de compartir la emoción con el otro, si está exaltado, tratar de calmarlo, si está triste, consolarlo usando palabras y observaciones delicadas.

En general no debemos distraernos y estar atentos al momento de reír, o aplaudir, si es del caso, siempre atinando al gesto o el movimiento en el momento oportuno.

Si alguien con quien tenemos poca confianza nos relata un hecho que ya sabíamos, hagamos de cuenta, como si hasta el momento lo ignoráramos.

Por regla general jamás interrumpamos ni acosemos al narrador a terminar su relato, ya que es algo sumamente grosero.

Lo más grave es desmentir en público a alguien porque atenta su carácter moral, en caso de sentirnos incómodos, debemos hacer la observación pero en privado, cuando sea el momento oportuno, no enfrente de otras personas.

No debemos reírnos cuando hay alguna equivocación, ni menos corregirla repetidamente, es propio de personas con poca educación.

Al fin de cuentas, hablar con alguien requiere de nuestros cinco sentidos puestos en la otra persona para conectarnos con lo que quiere expresar, para mostrarle que nos agrada lo que dice y que le prestemos toda la atención del caso.

Aquí aplicamos el simple acto de escuchar, que a veces poco se practica, pero donde podemos aprender tanto de los demás.