Por: Mary Luz Gómez A. - © 2010 www.modales.co

Cuando estamos presentes en una reunión de cualquier tipo, y queremos exponer algún asunto, antes de presentar el tema, debemos consultar opiniones, a fin de no ser desagradable para alguno y menos para los anfitriones, que son quienes nos han invitado gentilmente.

Procuremos hablar de temas que le sean familiares a los otros y si estoy en una conversación persona a persona, entonces que el otro, pueda contestar fácilmente, es una norma general de urbanidad.

Cuando nos sintamos incapaces de alimentar la conversación de forma agradable, por etiqueta, no tomemos parte activa, limitémonos a emitir observaciones generales, donde no se ponga al descubierto nuestra ignorancia, pues nadie es experto en todos los temas y es mejor dejar que hable el que sea experto en el asunto.

En una conversación es indispensable que haya temas variados para que sea amena y enriquecedora y que al momento de pasar de uno a otro tema, haya algún tipo de conexión.

Hay ocasiones en las cuales debe cambiarse el tema, así sea en forma abrupta, y se supone que las personas de más respeto, los anfitriones o los más adultos son quienes deben hacerlo.  Algunos casos son:

  1. Cuando sabemos que el tema desagrada a alguno de los presentes
  2. Cuando se turba la armonía o el buen humor
  3. Cuando la conversación se vuelve lenta y pesada
  4. Cuando se divaga en temas de poca importancia

Los temas más propios de conversación en sociedad son:

  • Acontecimientos cotidianos que no ataquen a nadie, ni su vida privada
  • Virtudes, cualidades y aspectos positivos de alguien
  • Literatura, últimos libros que hemos leído
  • Historia, Ciencia, Artes
  • Asuntos de atención pública

No debemos hablar detenidamente, con pelos y señales de nuestras enfermedades, o conflictos que no conciernen a todos, es un comportamiento no adecuado para reuniones sociales.

Tener un tema favorito está bien, pero proponerlo siempre en todas las reuniones, incomoda y aburre a los demás.  No nos empeñemos en un tema que sabemos que a todos no les interesa o emociona lo mismo que a mí.

Si alguien nuevo llega al grupo, corresponde al anfitrión introducirlo contándole brevemente lo más relevante de lo hablado hasta el momento.  Y si uno es el que llega de último, debe ser prudente en su participación porque pueden haber hablado ya de lo mismo.

Para finalizar, es importante resaltar que las personas bien educadas, no hablan mal de otras, ni de sus profesiones, ni de sus decisiones, esto no nos favorece en nada y lo único que hace es llenarnos de energía negativa, lo cual afecta nuestro ser y obstaculiza nuestro avance personal.